¿Pero en qué consiste ese “estar solas”? Aunque la experiencia es individual, en general las mujeres se quejan de este sentimiento que las hace sentir débiles. Una sensación excesiva, hasta casi vergonzosa, que conduce a pensar que la soledad es una mala compañía. Sobre esto gravita esa imagen de la desgraciada mujer sola, a veces cabeza de familia, empobrecida y disminuida por haber dejado atrás experiencias dolorosas.
Huir de esa situación compele a muchas a sustituir urgente la pareja, bajo un apuro utilitario de reponer roles, y tapar faltas. Todo muy práctico, pero como diría García Márquez, ¿y dónde está el susto del amor?
La certeza de que la soledad femenina es legítima, tranquiliza, y permite la identificar el deseo de encontrarse con el otro. También ser conscientes de que ese estado de soledad se sostiene en una trama que una misma ayudó a tejer, puede ayudar a encontrarse con la necesidad y el coraje para volver a perderse en el amor.
Este es el tipo de soledad que puede ser bienvenida, la del tiempo de reparar heridas, observarse al espejo y recomponer la autoestima. Pero pensar la vida como seres solitarios, individualistas, sin conexión ni empatía con otros, resulta francamente alienante.
(Continuará…)
Imagen: interpoesias













