Pararse sobre los pies y lanzarse al disfrute y el riesgo que implica asumir la existencia con integridad, recordando quién se es y lo que se desea no es una cuestión que se hace sólo por estar vivo y en el caso de las mujeres, por pertenecer a un género.
La posibilidad de vivir saboreando las bellas y particulares formas psíquicas que tiene la femineidad es algo que muchas veces se desconoce, otras se recupera y es algo que siempre se construye día a día en actos, pactos y decisiones.
Según la analista junguiana Clarisa Pinkola Estés hay un trasfondo milenario en esa conjunción de cosas que conforman el saberse mujer; existen elementos filogenéticos al tiempo que operan otros aspectos que tienen que ver con cosas de cada mujer en particular como son su biografía, sus afectos y la cultura a la que pertenezcan.
La autora denomina “Arquetipo Femenino” a este trasfondo que va más allá de las culturas, los tiempos y las subjetividades; ella sostiene que hay una energía femenina que desde las entrañas del Ser puja por salir a la luz, algo así como un recuerdo antiquísimo que indica una innegable relación de las mujeres con un conocimiento instintivo y salvaje.
La posibilidad de conectarse con esa energía salvaje y vivir de acuerdo a ella es lo que sostiene a las mujeres y permite vivir plenamente, sabiendo cuándo tienen que quedarse, alejarse, hacer vivir o dejar morir cosas y relaciones. El término salvaje no indicaría algo peyorativo, sino el rescate del significado original, es decir, el vivir una existencia natural con unos límites saludables y no falto de control.
Fuente: “Mujeres que corren con los lobos” Clarisa Pinkola Estés
Fuente Web: apocatastasis













