Ellos podrán refutar éstos dichos afirmando que algunos se quedan con algunas mujeres ideales.
Bueno, la excepción no hace sino confirmar la regla. Esos que al fin eligieron una: optaron por la mejor, la más linda, la más cercana al cóctel de un sábado a la noche. Esos señores comprometidos de anillo en mano, ¿se casaron o se acomodaron a lo que creyeron su “mujer ideal”? No amigas, se quedaron con esa que en el momento objetivo que a algunos les llega estaba revoloteándole el nido.
Cuando el cuerpo no da más, cuando la noche no tiene lugares dónde acogerlos, cuando la madre ya no les lava las camisas de cuellos sucios estos pequeños hombrecitos arrancan una zanahoria y, muertos de hambre, se la comen, créame.
Aunque el panorama sea desalentador, desde alguna óptica es positivo, a saber:
1- Si la mujer ideal no existe y ellos no quieren encontrarla, habría que relajarse y dejar de hacer dieta, terapia y abandonar por completo la vida espiritual.
2- Si cuando el conejito tenga hambre buscará una zanahoria, ¿por qué no pensar que esa zanahoria pueda ser una de nosotras?
Y para terminar, una frase de la filosofía popular que reza “a correr al conejo, que la vida es corta y la celulitis avanza como la peste”.
Imagen: megainformática













