La posibilidad de encontrarte con otras personas a través de la red virtual es una realidad. También lo es el encontrarte con deseos, necesidades y fantasías que tú tienes y crees ver en otros.
El peligro de la proyección:
Sabemos que la comunicación a través del e-mail o el Chat tiene la peculiaridad de aliviar tensiones en tanto las personas que inician y mantienen esta comunicación no se están viendo las caras. De esta manera y al sentirse más relajados se atreven a decir y a expresar sentimientos, deseos y necesidades que no se atreverían a pronunciar en un encuentro cara a cara; en otras palabras, se produce una exteriorización de los afectos.
Esta exteriorización afectiva muy frecuentemente se asocia al efecto terapéutico que tiene implícito la tarea de escribir, brindando bienestar por la liberación de todas aquellas cosas que estaban guardadas y que de pronto pueden salir a la luz a través de esta vía expresiva que a la vez supone un canal de comunicación.
En este sentido es que decimos: cuidado con el riesgo a engañar y ser engañado. Los engaños son evitables y no siempre están presentes en los contactos virtuales; no obstante, ten en cuenta que el que escribe supone que el interlocutor está allí, siguiendo, comprendiendo y vibrando con uno, generándose en esta creencia una intimidad que puede no ser tal. No necesariamente el otro está tan cerca de uno como uno esperaría que estuviera esta persona a la cual uno se abrió y le mostró sus miedos, deseos y necesidades… como decíamos en el otro post, existen dos caras en la misma moneda; lo mismo que supone un aspecto positivo puede resultar el mayor de los obstáculos para el encuentro.
Muchas veces sucede que cuando dos personas entablan un acercamiento a través de Internet, más que un encuentro del tipo “yo contigo, vos conmigo”, lo que allí se produce es un “yo conmigo”, vale decir, la vivencia de un sueño en el que uno ve en el otro los propios deseos, fantasías y necesidades proyectadas en el otro.
Fuente: Revista Impar













