Aunque nos parezca que pecamos de poco románticos, dedicar un espacio para hablar sinceramente de lo que nos sucede ante las maneras de encarar las responsabilidades y las tareas del hogar es un punto medular en el camino del entendimiento y de la distensión.
Algunas veces las sensaciones de agobio no sólo se deben a cómo se ha realizado el reparto de tareas (muchas veces poco equilibrado), sino de las actitudes y de las cuestiones afectivas que reviste esta división. ¿Hay alguien que lleva puesto el brete de responsable, de obsesivo, de controlador o de pesado?, ¿Se repiten modelos familiares que nos molestan y de los cuales nos queremos zafar?
En el mismo sentido, es recomendable realizar una puesta a punto del tiempo que cada uno destina a sus proyectos personales y cómo lo utiliza y el tiempo destinado a la pareja. Conviene hacer esto con sinceridad y poco uso de la justificación, recordando que tiempo en la casa no es sinónimo de tiempo compartido…es un límite a veces difícil de definir pero indispensable.
Recuerda cuidar la relación…esta es algo que se construye día a día y que no se da de una vez y para siempre. Dar y recibir son acciones que tienen que ejercerse de uno y otro lado de la relación. Hay parejas en las cuales los roles quedan estereotipados o sólo se sabe dar y no recibir y viceversa…el equilibrio es importantísmo para evitar resentimientos y malestares.
En síntesis, lograr un equilibrio entre el proyecto personal, el proyecto compartido, la responsabilidad y organización de tareas es importante para hacer de la con-vivencia un espacio de disfrute, crecimiento y seguridad emocional.
Fuente: Revista Impar













