Cuando llevamos en nuestro haber más de una ruptura amorosa tendemos a pensar que no sabemos escoger a nuestras parejas, en términos psicológicos esto no es más que una victimización a la que se recurre para no asumir nuestras propias carencias y errores.
La autocompasión es el primer sentimiento que aflora luego de un fracaso sentimental, atribuir a nuestra mala suerte es una manera demasiado cómoda de quitarnos de encima nuestra propia responsabilidad en la construcción de una relación madura.
Cuando elegimos al otro para amarlo lo hacemos de forma inconciente, buscando en él aquello que a nosotros mismos nos falta; la clásica concepción de la media naranja. Este tipo de elecciones conllevan un gran riesgo, el de que cuando uno de los dos crece o madura ya no necesita del otro, por lo tanto se termina el amor y es el fin de la relación.
Para romper con este círculo vicioso de equivocaciones debemos dejar de victimizarnos y comenzar a escoger como corresponde, para ello es necesario tener una autoestima saludable y haber aprendido a amarnos a nosotros mismos antes de intentar amar a otro.
Para terminar con la elección de personas inmaduras o infieles es necesario alcanzar una preparación personal y un crecimiento interior óptimos; esto último siempre deberá suceder antes de la concreción de una pareja definitiva y perdurable.
Fuente: laguaridax | Imagen: globedia













